
Si hay algo que detesto es que me observen cuando trabajo en la computadora. No lo resisto, me siento invadida, ultrajada y, aunque se que no estoy haciendo nada malo, no puedo evitar sentirme nerviosa cuando tengo a alguien a lado que de vez en vez, echa una mirada a mi ordenador. No importa quien se encuentre cerca, no tiene nada que ver con lo mucho o poco familiar que me sea el sujeto que me observa, ya sean mis padres, mi hermano, mi novio o mis amigas, me resulta muy molesto y termino siempre por irme del espacio donde se encuentren e ir a algún lugar más privado. No se, la conexión que tengo con mi laptop es demasiado intima y no me gusta sentir esa falta de privacidad. Es por esto mismo que cuando vi el espacio de trabajo diseñado por Sophie Kirkpatrick, no pude sentirme más identificada y comprendida. A este escritorio, le ha sido integrada una especie de caparazón que se despliega en forma de acordeón sobre la cabeza el usuario, haciendo que cualquier distracción deje de existir. Creo que sería una gran adquisición para muchos lugares, especialmente las bibliotecas pues, al menos a mi, me parece de lo más incómodo tratar de trabajar o estudiar en este tipo de lugares. Además de funcional, el diseño es bastante estético y no deja de recordarme a una apacible concha de mar. Lo único que quizá me haga dudar un poco, es que seguramente tendría que estar hecho a la medida del que lo compre pues, es muy probable que si esta hecho de un tamaño standard, a muchas personas les pueda resultar incómodo y hasta tengan que jorobarse para caber dentro de él. Cabe recalcar que este no sería mi caso pues gozo de ser pequeña y caber en casi cualquier lugar.